Reviviendo a Beetlejuice: Publicidad Exterior en las grandes ciudades

La secuela de Beetlejuice ha llegado a los cines, y como era de esperarse, su campaña publicitaria tiene un toque caótico y sobrenatural, muy al estilo del personaje. En esta nueva era de marketing, donde lo digital domina, la publicidad exterior ha demostrado una vez más su capacidad para sorprender y hacer que las audiencias hablen.

La secuela se apodera del metro de Nueva York 

Uno de los casos más recientes y llamativos tuvo lugar en el metro de Nueva York, donde los personajes de la película se apoderaron de los trenes y estaciones. Antes del estreno de la película “Beetlejuice, Beetlejuice”, los pasajeros vivieron una experiencia cercana con el escalofriante y divertido personaje. Los rostros de Michael Keaton, Winona Ryder y Jenna Ortega, protagonistas de la esperada  película de Tim Burton, acompañaron a los viajeros en sus trayectos por la ciudad, lo cual causó revuelo en redes sociales. 

     

 

Imagina estar esperando el metro y de repente, ser recibido por un vagón lleno de arte visual de Beetlejuice. Esta activación no solo generó sustos y risas, sino que se viralizó rápidamente, transformando lo que sería un viaje común en una experiencia entretenida.

Un viaje sobrenatural en Ottawa

Pero no solo Nueva York se ha visto invadida por el caos. En Ottawa, Canadá, el tranvía también fue escenario de una campaña fuera de lo común. Los vagones fueron decorados con imágenes y gráficos de la película, creando una atmósfera colorida y divertida al mismo tiempo. Además, colocaron un muñeco zombie del conocido personaje de la película, simulando que conducía el transporte. Generando asombro y curiosidad entre los usuarios. 

Esta estrategia no solo generó impacto visual, sino que aprovechó los espacios urbanos cotidianos para darle un giro inesperado y fresco a la publicidad tradicional. 

Este tipo de publicidad exterior ha demostrado que los espacios urbanos son perfectos para generar interacción y despertar emociones en el público. Ya sea en el ruidoso metro de Nueva York o en las calles más tranquilas de Ottawa.